Cuando alguien se plantea empezar a entrenar, es habitual que aparezca una pregunta: ¿necesito un entrenador personal o puedo incorporarme directamente a un grupo?
A veces pensamos que el entrenamiento personal es la opción adecuada para quienes tienen lesiones o poca experiencia, mientras que el entrenamiento en grupo está reservado para personas que ya tienen una buena condición física.
Sin embargo, la realidad es bastante más compleja.
Dos personas pueden tener la misma edad, compartir un objetivo e incluso presentar capacidades físicas similares, pero necesitar formas de acompañamiento completamente diferentes.
Por eso, en brìos. no creemos que debamos elegir un servicio únicamente por nuestra edad, experiencia o preferencias.
Creemos que primero necesitamos comprender qué necesita cada persona.
Y ahí es donde comienza nuestra valoración inicial.
La valoración inicial: conocer antes de decidir
Cuando una persona llega a brìos., nuestro primer objetivo no es decidir en qué grupo podemos incorporarla.
Es conocer su situación.
Queremos comprender qué le ha llevado hasta nosotros, qué objetivos tiene, cuáles son sus experiencias anteriores con el ejercicio y qué circunstancias pueden influir en su entrenamiento.
También exploramos cómo se mueve, qué capacidades tiene actualmente y qué dificultades pueden aparecer al realizar determinadas tareas.
Pero hay algo especialmente importante: no valoramos únicamente su condición física.
También necesitamos conocer su autonomía, su capacidad para comprender las indicaciones, regular el esfuerzo y desenvolverse durante una sesión.
Porque realizar correctamente un ejercicio y ser capaz de entrenar con autonomía no son exactamente lo mismo.
Toda esta información nos ayuda a decidir qué tipo de acompañamiento puede ser más adecuado.
¿Qué tenemos en cuenta durante la valoración?
Para decidir qué tipo de entrenamiento necesita cada persona, en brìos. prestamos especial atención a tres aspectos: su funcionalidad, sus necesidades de supervisión y los condicionantes que pueden influir en el entrenamiento.
Por un lado, observamos sus capacidades físicas: cómo se mueve, qué tareas puede realizar y qué dificultades encuentra.
También valoramos su autonomía durante el ejercicio. Hay personas que comprenden las indicaciones, regulan su esfuerzo y pueden desenvolverse con poca ayuda. Otras necesitan un acompañamiento más cercano, independientemente de su condición física.
Por último, tenemos en cuenta posibles lesiones, enfermedades, molestias u otras circunstancias que puedan requerir adaptaciones específicas o la colaboración de otros profesionales.
Esta información nos ayuda a comprender algo fundamental: dos personas con capacidades similares pueden necesitar entrenamientos y niveles de supervisión completamente diferentes.
Por eso, nuestra valoración no busca clasificar a las personas, sino encontrar la forma más adecuada de acompañarlas.
¿En qué casos puede ser adecuado entrenar en grupo?
El entrenamiento en grupo puede ser una excelente opción para muchas personas.
Especialmente cuando sus necesidades permiten desarrollar una sesión con un nivel de supervisión compatible con el número de participantes.
Esto no significa que todas deban realizar exactamente los mismos ejercicios.
En brìos. trabajamos con grupos reducidos precisamente para poder adaptar tareas, cargas y progresiones a las necesidades individuales.
Una persona puede estar realizando una sentadilla con carga mientras otra utiliza un banco para facilitar el movimiento.
Ambas pueden estar desarrollando su fuerza, aunque necesiten estímulos diferentes.
Lo importante es que el entrenador pueda ofrecer la atención necesaria y que cada participante pueda desenvolverse adecuadamente dentro de ese entorno.
Por eso, no entendemos el entrenamiento grupal como una clase en la que todo el mundo debe seguir una misma secuencia.
Lo entendemos como un espacio compartido en el que cada persona puede trabajar sobre sus propias necesidades.
¿Cuándo puede ser más adecuado el entrenamiento personal?
Hay situaciones en las que consideramos que una supervisión individual puede ser especialmente beneficiosa.
Por ejemplo, cuando una persona necesita adaptaciones frecuentes, presenta dificultades importantes para realizar determinadas tareas o requiere una atención continua durante la sesión.
También puede ser adecuado cuando existen condicionantes que hacen necesario controlar de manera más individualizada la selección de ejercicios, las cargas o la respuesta al entrenamiento.
Pero hay algo que queremos destacar.
El entrenamiento personal no tiene por qué ser una elección permanente.
Puede ser una etapa dentro de un proceso.
Una persona puede comenzar con sesiones individuales para desarrollar determinadas capacidades, ganar confianza y aprender a gestionar el entrenamiento.
Y, con el tiempo, encontrarse preparada para incorporarse a un grupo reducido.
Del mismo modo, alguien que entrena habitualmente en grupo puede necesitar temporalmente una supervisión más individualizada si cambian sus circunstancias.
Nuestro objetivo no es mantener a una persona en un servicio concreto.
Es ofrecerle el acompañamiento que necesita en cada momento.
¿Y si la mejor decisión no es empezar a entrenar inmediatamente?
Esta es una parte de nuestra metodología que consideramos especialmente importante.
No todas las personas que llegan a una valoración necesitan incorporarse directamente a un programa de entrenamiento.
En ocasiones, durante la entrevista o la exploración, podemos identificar síntomas, antecedentes o circunstancias que aconsejen una valoración adicional por parte de otro profesional.
Puede ser necesario consultar con un médico, un fisioterapeuta u otro profesional sanitario antes de comenzar o modificar determinadas actividades.
En otros casos, el entrenamiento puede formar parte de un proceso más amplio en el que diferentes profesionales trabajan de manera coordinada.
El ejercicio tiene un papel importante en la salud, la recuperación de capacidades y el abordaje de numerosas condiciones.
Pero eso no significa que sea siempre suficiente por sí solo ni que deba sustituir otras intervenciones cuando estas son necesarias.
Por eso, entendemos que una buena valoración también implica reconocer cuándo necesitamos la colaboración de otros profesionales.
Y, si es necesario, recomendar una derivación.
Porque nuestra responsabilidad no consiste en conseguir que todas las personas empiecen a entrenar con nosotros.
Consiste en ayudarles a encontrar la respuesta más adecuada a sus necesidades.
Tus necesidades pueden cambiar, y tu entrenamiento también

Una de las ideas más importantes de nuestra metodología es que las decisiones que tomamos al principio no tienen por qué ser definitivas.
Las personas evolucionan.
Mejoran su fuerza, su equilibrio, su confianza y su capacidad para desenvolverse con autonomía.
También pueden aparecer nuevas circunstancias que hagan necesario modificar el entrenamiento.
Por eso, después de la valoración inicial seguimos observando cómo responde cada persona a las sesiones.
Durante las primeras semanas revisamos si el servicio elegido se ajusta a sus necesidades y, posteriormente, continuamos evaluando su evolución.
En ocasiones, esto puede significar modificar los ejercicios o las cargas.
En otras, cambiar el nivel de supervisión o incluso recomendar un servicio diferente.
Porque no creemos que una persona deba permanecer siempre en el mismo tipo de entrenamiento.
Creemos que el entrenamiento debe evolucionar con ella.
No se trata de elegir entre entrenamiento personal o grupal
En brìos. no entendemos el entrenamiento personal y el entrenamiento en grupo como dos opciones entre las que una sea necesariamente mejor que la otra.
Ambas pueden ser adecuadas cuando responden a las necesidades de la persona.
Lo importante no es cuántas personas comparten una sesión.
Lo importante es que el entorno, las tareas y la supervisión permitan desarrollar un entrenamiento de calidad.
Por eso empezamos con una valoración.
Porque antes de decidir cómo vas a entrenar, queremos comprender qué necesitas.
Y porque a veces la mejor decisión será entrenar individualmente, otras veces hacerlo en grupo y, en determinadas circunstancias, buscar primero el acompañamiento de otro profesional.
Nuestro compromiso no es con un formato de entrenamiento.
Es contigo, con tus necesidades y con tu evolución.
